Familia Padres

¿Cómo la ira perjudica a los Hijos?

padres con ira hacia sus hijos
Written by Todo Consejo

El error más común (y tal vez el más costoso) en la disciplina infantil es el uso inapropiado de la ira para ejercer el control sobre los niños. No existe un método más ineficaz para controlar a un ser humano de cualquier edad que el uso de la irritación y de la ira. No obstante, a ninguna otra cosa recurren más los padres para asegurarse el control de la situación.

Considérese a sí mismo. Supóngase que vuelve a casa del trabajo una tarde, manejando su propio automóvil y que excede el límite de velocidad. Parado en la esquina está un policía de civil que también ya salió de su trabajo y espera el autobús. No tiene auto patrullero ni motocicleta. No está uniformado; no porta armas. Tampoco puede expedirle una multa, porque ha dejado todo en la estación de policía. Entonces, como lo ve a usted cometer una infracción, no puede hacer más que gritarle insultos a todo aquel que pasa demasiado rápido. ¿Usted reduciría la velocidad simplemente porque él levanta el puño en señal de protesta? ¡Por supuesto que no! Cuanto más, lo saludará y seguirá de largo. Lo único que conseguirá él con su ira es parecer un loco digno de risa.

Por el contrario, nada tiene tanta influencia sobre la manera de conducir que el ver de pronto un auto blanco con las puertas negras que nos sigue con diecinueve luces rojas dando vueltas y estridente sirena. Cuando el auto se detiene, un digno y cortés patrullero se aproxima a nuestra ventana. Mide 1,95 metros de alto, tiene voz de trueno y lleva dos pistolas. «Señor —nos dice firme, sin perder la cortesía— nuestro radar nos indica que usted está conduciendo a 160 km. por hora en esta zona, donde la máxima es de 80. ¿Me permite su licencia de conducir, por favor?» Él abre su libreta de notas y se dirige hacia usted. No ha revelado ninguna hostilidad ni expresado ninguna crítica, pero usted se queda de una pieza. Tiembla nerviosamente mientras busca el pequeño documento, sí, ese de la horrible foto en que parece otra persona. ¿Por qué sus manos están húmedas y la boca seca? ¿Por qué su corazón está caminando más rápido de lo normal? Porque el curso que van tomando los acontecimientos es imprevisible.

Es mejor usar la acción para obtener acción. Hay cientos de herramientas que podrían coadyuvar a una respuesta esperada. Algunas de ellas envuelven dolor para el chico, mientras que otras le ofrecen un premio. El pequeño dolor puede proveer excelente motivación para que el niño cuando llega en el momento adecuado. Podemos ver que los padres podrían tener algunas maneras de hacer que sus hijos deseen cooperar, más que simplemente obedecerles porque les dicen que deben hacerlo. Cuando el caballerito ignora las órdenes de mamá, tal vez le convendría saber que ella puede recurrir a la disciplina práctica.

Existen algunas personas entre mis lectores que piensan que la deliberada y premeditada aplicación del dolor a un niño expresa falta de amor. Les pido a estos escépticos que me escuchen: Consideremos las alternativas. Por una parte hay un constante sermoneo y roce entre los padres y el niño. Cuando el niño descubre que detrás de los millones de palabras que escucha no hay sino amenazas, deja de oírlas. El único mensaje que entiende es cuando se alcanza cierto grado de emoción, lo cual significa insultos y alaridos ala vista. Se empuja al niño en la dirección opuesta perturbando los nervios de la mamá y forzando la relación padre-hijo.

Pero la limitación más importante del uso de estas reprimendas verbales es que al final se recurre al castigo físico de todas maneras. Así que en vez de ser una disciplina administrada con calma y de una forma juiciosa la madre se siente enervada y frustrada, y castiga rudamente a su inquieto hijo. No existe razón para que ocurra tal tipo de enfrentamiento. La situación podría haber culminado de una manera bien distinta si la actitud paterna hubiese sido de una serena confianza en sí misma. Hablándole suavemente, casi con cortesía, la mamá le dice al niño: «Sabes lo que pasa cuando no me obedeces. No veo ninguna razón por la cual yo tenga que hacerte sufrir en esta noche para lograr tu cooperación. Pero, si insistes, te aplicaré el jueguecito. Cuando suene el reloj me hará saber cuál es tu decisión».

El chico tiene que hacer una elección, y ya se le ha dicho claramente lo que su madre espera de él. No necesita gritarle. No necesita amenazarlo con quitarlela vida. No precisa trastornarse. Simplemente, ha dado una orden. Por supuesto, mamá tendrá que demostrar una o dos veces que aplicará el asunto si es necesario. Y a través de los meses el niño constatará si ella se mantiene en el timón de gobierno. No existe la más mínima duda en mi mente acerca de cuál de estas dos actitudes es la menos dolorosa y la menos hostil entre padres e hijos.

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