Familia Padres

La mejor oportunidad para comunicarse ocurre después de una acción disciplinaria

padre conversando con su hijo
Written by Todo Consejo
padre conversando con su hijo

Padres conversando con su hijo después de disciplinarle

No hay nada que acerque más a los padres con sus hijos, que el que la madre o el padre ganen decisivamente después de haber sido desafiados con insolencia. Esto es particularmente válido si el niño se lo estaba «buscando», sabiendo perfectamente que merecía lo que recibió. La demostración de la autoridad de los padres es algo que reconstruye el respeto como ningún otro proceso puede hacerlo, y con frecuencia el niño revelará su cariño después que se sequen las primeras lágrimas.

Por esta razón, los padres no deben aterrorizarse ni abstenerse de las confrontaciones con sus hijos. Uno debe anticipar estas ocasiones como acontecimientos importantes, porque proporcionan la oportunidad de transmitir a los hijos mensajes verbales y no verbales que no se pueden expresar en otras ocasiones.

Después del desahogo emocional, el niño a menudo querrá acurrucarse contra el pecho de su padre o madre, y debe ser bienvenido con brazos abiertos, cálidos y amorosos. En ese momento, los dos podrán hablar de corazón a corazón. Usted puede decirle lo mucho que lo quiere, y lo importante que es él para usted. Puede explicarle por qué fue castigado, y cómo puede evitar esa dificultad la próxima vez. Este tipo de comunicación suele ser imposible con otras medidas disciplinarias, como el poner al pequeño de pie en un rincón o el quitarle su juguete favorito. Un niño resentido generalmente no quiere hablar.

La cordialidad de la madre o del padre después de esas acciones de disciplina es esencial para demostrar que lo que ellos rechazan es la conducta específica y no al niño en sí. William Glasser, creador de la Terapia de la Realidad, dejó muy clara esa distinción al describir la diferencia entre disciplina y castigo. La «disciplina» va dirigida contra la conducta objetable, y el niño aceptará su consecuencia sin resentimiento. Glasser define «castigo» como una reacción que va dirigida contra el individuo. Representa el deseo de una persona de herir a otra; y es expresión de hostilidad en vez de amor correctivo. Como tal, es algo que el niño, a menudo, resiente profundamente.

Aunque yo a veces uso esos dos términos como sinónimos, estoy de acuerdo con la premisa básica de Glasser. Es indiscutible que hay una forma incorrecta de corregir al niño, que le puede hacer sentir no amado, no deseado, inseguro. Una de las mejores garantías para que esto no ocurra es una conclusión con demostración de cariño al encuentro disciplinario.

Fuente:

Apuntes Pastorales por el Dr. James C. Dobson

 

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